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MEDIANOCHE EN PARIS

Midnight in Paris

 

 

Medianoche en París es una película llena de referencias artísticas y literarias. Se desarrolla en el París actual y en los años 20, uno de los lugares favoritos por los artistas en esa época, detalle que el  personaje principal, Gil Pender, adora e idealiza. En la película podremos ver personajes como Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Scott Fitzgerald, Picasso, Dalí , Buñuel y muchos más. Si también adoras esta época no te la puedes perder. Gil Pender, guionista de hollywood que desea retomar su carrera de novelista y su novia Inez, viajan a París acompañando a los padres de ella. Gil ama París y siente nostalgia por el tiempo que vivió en esa ciudad siendo joven, pero su novia y sus suegros se muestran indiferentes y critican. Una noche camina un poco ebrio por la ciudad hasta perderse, todo se ve normal pero al llegar las doce en punto un auto antiguo aparece, lo recoge y mágicamente aparece en el París de los años 20. Ahí conoce a sus héroes literarios y muchos artistas de la época. Gil descubre que si espera en un lugar indicado a la medianoche, puede volver a trasladarse nuevamente. En uno de estos viajes conoce a Adriana, una chica que está en París para estudiar diseño de modas, y se enamora de ella mientras su relación con Inez empeora. A partir de ahí Gil tendrá que tomar decisiones que le ayudarán a redescubrir su presente. Medianoche en París es una película que nos muestra la vida como algo que seguramente no es tan mágico como nuestros sueños, pero si puedes ser dueño de tus propias decisiones; vale la pena verla.... La realidad de Gil en su presente no es agradable: está solo, es menospreciado por su novia y sus suegros, mientras que en el pasado es muy distinto: es alegre, tiene muchos amigos, hay muchas fiestas, música y un amor nuevo que lo hace querer quedarse y dejar todo. Pronto descubrirá que es una ilusión, que su deseo de quedarse en los años 20 podría ser una forma de negar su presente, lleno de compromisos que no quiere a causa de su poca determinación e incluso algo de cobardía. Entonces tendrá que escoger entre presente y pasado, entre enfrentar a su novia y todo lo que ella representa.

 

La puesta en escena de la película es hermosa, las primeras tomas de la ciudad moderna con la cámara estática dejando que todo pase sin esfuerzo más que el de encuadrar, son la presentación de un París inolvidable. Después de ver la ciudad entera, la música se detiene y oímos hablar a Gil, la pantalla está en negro y lo único que importa es lo que está diciendo él, sus sueños, sus recuerdos, su nostalgia. Este inicio es una muestra de lo que veremos durante toda la película, Woody Allen utiliza los recursos del cine en su versión más sencilla: un guión fácil, una estructura simple de 3 partes con dos puntos de acción importantes, los personajes casi al borde de la caricatura. La representación del pasado es sepia amarillo, cálido y sensual, en oposición al presente frío azul-verdoso. Casi no hay movimientos de cámara, todo en favor del desarrollo de la historia. Woody ha demostrado en sus películas anteriores que puede mostrarnos temas como la muerte o la depresión, hacerlo en tono de comedia y conmover al mismo tiempo. Esto es lo que una vez más logra con Medianoche en París, uno de sus éxitos más recientes. Una película imprescindible si quieres conocer más a tus escritores y artistas favoritos. Como ya sabéis, en la película verás a muchos escritores y artistas geniales, la mayoría son nombres de la llamada Generación Perdida, este es el nombre que Gertrude Stein le pone al grupo de escritores estadounidenses que fueron a Europa en los años de entreguerras.

 

Woody Allen, Director, guionista, actor, músico, dramaturgo, humorista y escritor estadounidense. Es uno de los directores más respetados, influyentes y prolíficos de la era moderna. Es conocido que a lo largo de su carrera cinematográfica ha desarrollado personajes del tipo: intelectuales judíos, cobardes o hipocondríacos. Sus temas recurrentes son el amor, el sexo, la religión y las ciudades importantes. Ha ganado el premio Óscar en cuatro ocasiones y ha producido desde 1969 un total de 45 películas, una cada año. Allen dirigió y protagonizó Annie Hall, película considerada por muchos como una de las mejores comedias de la historia del cine, y recibió el premio Óscar al Mejor director. Obtuvo su cuarto premio Óscar y su segundo globo de oro por Medianoche en París.

 

 

 


Dicho por Woody:


-“ ES INCREÍBLE… NO HAY CIUDAD COMO ESTA EN EL MUNDO, NUNCA LA HUBO, PARECE COMO SI NUNCA HUBIERAS VENIDO, NO VENGO LO SUFICIENTE, ESE ES EL PROBLEMA. ¿TE FIGURAS LO ALUCINANTE QUE ES ESTA CIUDAD BAJO LA LLUVIA? IMAGÍNATE ESTA CIUDAD EN LOS AÑOS 20, PARÍS EN LOS AÑOS 20 BAJO LA LLUVIA, CON SUS PINTORES, ESCRITORES…”-

 


 

Desarrolla su trama en la ciudad de París: El París más actual y el de los años 20.. ¿Cómo es esto posible?... El protagonista, Gil Pender, consigue transportarse a tiempos pasados sin ni siquiera proponérselo. Gil es un escritor que viaja a París con su prometida, un apasionado de la literatura que queda hipnotizado por la ville lumière y por los artistas que la ciudad acogió en el pasado: pintores como Monet, Dalí o escritores como Ernest Hemingway. Además, es un soñador y un romántico: cree que debería haber vivido en el París de los años 20 y con la ciudad bajo la lluvia. La película muestra algunos de los espacios de menor renombre de la ciudad pero igual de encantadores que el resto, dándonos la posibilidad de conocer rincones que hasta ahora pasaban desapercibidos y que hemos comenzado a mirar con otros ojos, lugares mágicos como las escaleras de la iglesia de Saint Étienne du Mont, donde cada medianoche Gil espera al toque de las campanas para subirse a un coche antiguo que le lleva a los años 20. Seguir los pasos de Gil Pender es una opción de recorrido para aquellos que hayan visto la película y que quieran rememorarla en primera persona. Su aparición en la película es muy breve, de hecho podría ser difícil de reconocer si no fuera por la tienda de joyas tan reconocida que muestra la cámara: Chopard. Inez, la prometida de Gil y que proviene de una familia acomodada, ojea el escaparate pensando en el anillo de su próxima boda. El Museo Rodin es menos transitado que otros museos como el Louvre y más acogedor, lo que no le resta interés. La zona ajardinada que lo rodea le aporta la tranquilidad que debería tener cualquier museo. En este escenario se produce una de las escenas más llamativas de la película: el pedante Paul, que acompaña a la pareja de prometidos junto con su mujer, discute con la guía turística sobre la vida privada de Rodin. Gil acude con su prometida y la otra pareja de amigos a una cata de vinos que tiene lugar en la terraza del Hotel Le Meurice, en la calle Rivoli, frente a las Tullerías. La Torre Eiffel aparece también de fondo durante la cata de vinos del Hotel Le Meurice, es muy breve, pero de algún modo tenía que aparecer el gran símbolo de la ciudad. Al salir de la cata de vinos, Gil decide marcharse sólo al hotel dando un paseo, pero se pierde y termina sentado en las escaleras de una iglesia: Saint Étienne du Mont. Situada en el barrio latino... Esta iglesia se encuentra en una zona poco transitada próxima a la Sorbona y al Panthéon y por suerte no recibe grandes masas de turistas, haciendo que el lugar sea especial. Es en estas escaleras cuando, a medianoche y con el toque de las campanas, aparece un coche antiguo lleno de personas que invitan a Gil a acompañarles a los años 20. Tras su segunda noche en la noche de los años 20, Gil e Inez visitan el “Mercado de las Pulgas” de Saint-Ouen, principalmente de antigüedades, que forma parte de la faceta más desconocida de París. En este museo, mientras las parejas admiran una obra de Pablo Picasso, Gil, que le ha conocido la noche anterior, intenta corregir a Paul. Gil y Adriana, la chica a la que conoce en los años 20, dan un paseo por la noche parisina, bajando las inconfundibles escaleras del Sacre Coeur. Siguiendo su paseo, Gil y Adriana llegan hasta la orilla del Sena, aunque no es la única vez que aparece durante la película. Gil compra un libro en los puestos de color verde situados en las orillas. Esta plaza semi escondida detrás de Notre Dame es uno de los rincones más bonitos y al mismo tiempo desconocidos de París. Aquí, Gil se reúne con la guía del Museo Rodin para que le traduzca un libro que habla sobre Adriana.

 

Gil, termina abriendo los ojos respectos a varias facetas de su vida y decide quedarse en París. Pasea sin rumbo fijo atravesando el Puente Alexandre III y en ese momento, se encuentra con una persona a la que ha conocido anteriormente y a la que, casualidad, también le parece que París es más bonito bajo la lluvia.

 

 

LA AUTENTICA GENERACIÓN PERDIDA


Con el nombre de La Generación Perdida se conoce al grupo de escritores estadounidenses -Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, John Dos Passos, John Steinbeck, Henry Miller- que forjaron su carrera después de la I Guerra Mundial. En sus obras reflejaron el clima de pesimismo de la posguerra y la Depresión. Frustrados por el vacío cultural de su país, la mayoría de ellos viajó en algún momento a Europa y se instalalaron en París, donde vivieron intensamente los años veinte, la era del jazz y su ambiente artístico. El nombre de Generación Perdida fue acuñado por la escritora y mecenas Gertrude Stein, que conoció a varios de sus miembros en la capital francesa y que en esta película de culto absoluto danzan y vibran a su antojo ante los ojos de un Gil sorprendido... De no ser por Gertrude Stein y un taller de reparación de coches parisino la “generación perdida” de escritores norteamericanos no se llamaría así.

 


-"Todos sois una generación perdida”, le dijo una vez la novelista y poetisa Gertrude Stein a Ernest Hemingway "-

 

 

Y como recogen los libros de Historia de la Literatura, y cualquier amante de la buena narrativa puede comprobar, esa fue, precisamente, la frase que éste puso al frente de su primera gran novela, “París era fiesta”. Lo curioso del caso es que el origen de la expresión tuvo lugar en un espacio tan aparentemente poco literario como un taller de reparación de vehículos. Stein, que apoyó a los jóvenes escritores norteamericanos expatriados en el París de la década de 1920, tomó la expresión del dueño de un taller parisino que, al ver la torpe reparación que del automóvil de la escritora había hecho uno de sus mecánicos, reprendió a éste diciéndole que todos eran una “génération perdue”. Y Gertrude Stein añadió dirigiéndose a Hemingway al relatarle la anécdota:

 

 

-“Eso es lo que sois. Eso es lo que sois todos vosotros... todos vosotros los jóvenes que servisteis en la guerra. Sois una generación perdida... No respetáis nada. Os estáis matando con el alcohol”-

 

 

y el término... “generación perdida”, pasó a la historia...

 

 

 

Una filosofía que delata un más que evidente snobismo, que de esto saben mucho en Paris. Ciudad siempre con ambición de acapararlo todo en el sí del país galo, tiene algo especial. "París me excita", afirmó el genio Woody en la rueda de prensa de presentación en Cannes de el film. Rueda de prensa en la que no perdió la ocasión de mostrarse -una vez más- tímido ante los medios de comunicación, y de presentar un aspecto que, por qué no decirlo, de buen seguro hizo sufrir a más de uno por su estado de salud. Afortunadamente, la película que trajo bajo el brazo dejó excelentes sensaciones. ¿Podemos hablar de la mejor película de esa especie de "European Tour" de Allen?... Sin duda. Es más, 'Medianoche en París' hace méritos suficientes para entrar, en el grupo de obras cumbre de Allen, sin duda en el de las que con el paso de los años vamos a recordar con mucho cariño.

 

Como ya hiciera en la maravillosa 'La rosa púrpura del Cairo', Allen tira de elemento fantástico para presentarnos una comedia romántica. Como viene siendo habitual, un director/guionista se queda detrás de las cámaras, lo cual no significa que no tenga presencia delante de ellas. El simpático Owen Wilson se une a una lista de actores en la que encontramos a Jason Biggs, Will Ferrell o Josh Brolin entre otros. Nombres que tienen en común el haber imitado los tics y los gestos de Allen a la vez que recitaban sus diálogos. Una prueba de fuego de la que Wilson sale indemne, aportando a este arquetipo de personaje un bienvenido aire de relajación típico de "la costa oeste", y sobre todo, apoyándose en un guión que hace gala de una genialidad. Un texto que en sus primeros compases tira de manual: unos compases de jazz aquí, una serie de vistas turísticas allá... y algún que otro chiste sobre política o sobre el frágil equilibrio que sostiene a la familia. Un conjunto aderezado con los típicos tonos cálidos en la fotografía, pero subjetivistas. Nada nuevo bajo el sol de París. Pero cuando la noche cae, todo puede pasar en la ciudad del amor. Que una niña de papá caiga rendida a los encantos de un pedante, que un joven escritor encuentre la inspiración... o que un Peugeot  fantasmagórico nos lleve noventa años atrás en el tiempo, justo en la época en la que dicha ciudad conoció su máximo esplendor. Los felices años veinte... Cualquier tiempo pasado fue mejor. Una apreciación sin duda rebatible, al estar ésta marcada por ese sentimiento presente en cada ser humano. La nostalgia, es decir, !! Cualquier tiempo pasado fué mejor!!.

 

 

La delicia de todo buen amante del arte... visto lo visto, muy loco se tendría que estar para no intentar obtener el consejo literario de Gertrude Stein, o para no plantar en Luis Buñuel la semilla de 'El ángel destructor', o para no darle a Zelda Fitzgerlad un valium... o, por qué no, para no enamorarse de una bella musa. Todo cabe en esta exquisita, divertida, encantadora y nostálgica fantasía, bien llevada y alargada en justa medida. En La Croisette, y debido a la presentación de 'Conocerás al hombre de tus sueños', se pidió a gritos que Allen abandonara Europa... los aplausos que se oyeron en ese mismo escenario después de 'Medianoche en París', indican que dicho regreso quizás puede esperar. Podría analizarla al detalle, hablar del guión, del ritmo, de la fotografía e incluso hacer referencias a películas anteriores del genio neoyorquino. Pero esta película es un placentero viaje para dejarte llevar y disfrutar de un cuento mágico, esperanzador y donde la esencia de un cerebro brillante como Allen nos va pintando un lienzo mientras se nos dibuja una sonrisa en la cara. El tiempo lo dirá, pero he tenido la sensación de haber asistido a una de las obras maestras de Woody Allen. Es una película limpia, amable, sin burlas. Una declaración de respeto y admiración a París y a las figuras clásicas que él tanto admira y que van desfilan por la pantalla dejando pinceladas maestras. Todos ellos personajes tratados con un cariño que conmueve. Cada plano, cada calle por las que camina son un poema de amor en si. Incluso su brillante sentido del humor, más agudo que nunca, se aleja del sarcasmo y nos regala unos diálogos donde las bromas parecen dichas desde el cariño, desde la mas dulce de las nostalgias... bajo la lluvia de París. Una película mágica , un viaje con billete de ida y vuelta, de la que sales con un estado muy parecido al de la felicidad. Midnight in Paris comienza con un pequeño ciclo de postales. Acto seguido, una familia de estupidos estadounidenses, entran en escena.

 

Todo huele a crítica feroz de espuma y palomitas: personajes de una pieza, chistes, técnica impoluta, pero ninguno me complace tanto como el protagonista.

 

 

 

Acomodados en la butaca, dispuestos a disfrutar de este paseo en bateau-mouche por las aceras de ‘Paris, la nuit’, un coche antiguo nos recoge……y nos conduce a otro París idealizado, esa luz, nocturna y ocre, es menos de la capital francesa que de Allen, retratada en brillo, con personajes bufos de una pieza, buenos chistes, técnica impoluta y Woody campando alucinado por los Campos Elíseos de una pasión que en él es llama doble: el arte, los artistas y el eterno femenino. Esos cómicos, son satirizados sin piedad y con cariño; en el fondo, se nos dice, son inocuos en vida y fértiles en obra. Los otros, los no artistas –el profesor pedante, la mujer florero, los padres ultra-conservadores y clasistas, la idea gris del funcionario made in Hollywood, son caricaturizados sin atisbo de cariño y sin piedad, pero con gracia. El conjunto es desigual y divertido. Woody Allen, en la orilla de su vida, se nos muestra nostálgico y mordaz. Se parapeta frente al miedo ante la muerte con sus dos queridas y canónicas eternidades: el Arte y la Mujer. Existe, para él, la Edad de Oro. Y es que cada uno de nosotros alberga en su interior una pléyade particular de genios y poetas, es curioso observar cómo se imbrica el arte en el tejido de la vida, cómo se teje y se desteje nuestra historia personal en el tapiz de obras, sitios y recuerdos que configuran la memoria. El tiempo pasa, la Edad de Oro adopta la forma idealizada de un pretérito irreal –o, más bien, hiperreal en tanto que evocación perfecta, plena y muy presente del pasado. El eterno femenino, para Allen, es una carrera de relevos en la que, en toda época y lugar, habrá una jovencita que nos lleve de la mano en dirección contraria a la guadaña. Ya se sabe que Eros es el gran antagonista de la Muerte.Y el Arte? El Arte es un divertimento. Los artistas son ridículos farsantes con encanto. Pero sin esa farsa, el aire de este mundo sería irrespirable. El viejo Woody, no puede ser más transparente en su mensaje: que exista siempre una mujer con quien sentir, a orillas de algún Sena, escuchando el penúltimo disco de Cole Porter.

 

La película no es sólo un alegato sino de algo más vital y necesario, de darlo todo, de seguir el impulso que nace del corazón más allá de la cabeza y del pragmatismo. Gil renuncia a su vida de guionista exitoso que no le llena para escribir novelas, que es lo que verdaderamente desea y apostar por tus sueños de tal forma que en el futuro las venideras generaciones tengan nostalgia de la nuestra y sirvamos de estimulante a sus mentes creativas, así como Gil se inspira en su París de los años veinte. "Midnight in Paris” se inicia con la llegada a la capital francesa, centrándose la historia principalmente en el personaje de Owen Wilson y sus aventuras por la ciudad, sobre todo las nocturnas. Hablar más es incurrir y reiterare lo anteriormente dicho o al menos destripar parte de las sorpresas que se esconden en el que es uno de los guiones más sólidos que ha escrito Allen en los últimos años, también de los más originales, si tenemos en cuenta que la "Whatever Works” era un trabajo que llevaba años acumulando polvo y que la fantástica “Cassandra’s Dream” parecía fruto de una noche de pasión, una mezcla entre “Match Point” y “Delitos y faltas”. No es gratuito utilizar la palabra “magia” para definir lo que consigue Allen aquí... vuelve a demostrar que su genio no se encuentra sólo en la escritura de los gags sino también en la construcción de escenas, que esta vez reposan en sus conocimientos culturales.

 

Con Owen Wilson y un reparto de secundarios que no desmerece, como la genial Sheen, hermosísima Cotillard, “Midnight in Paris” es una Obra Maestra y está lejos de clásicos como “Manhattan” o “Annie Hall”, pero eso poco importa. Se trata de un trabajo magistral. lleno de inventiva, que no se limita a engarzar gags y va más allá, partiendo de una idea sencillísima y concluyendo de la única forma posible, dejando una lección que no por evidente pierde fuerza. Otro año más, toca agradecer que este señor, bajito y judío, que siga deleitándonos con su sabiduría y entregándonos cine del que deja buen cuerpo y una sonrisa en los labios. Recomendada, pero cuidado hay que tomársela como un cuento o una fábula moral. Encontrarse con una nueva película del genio neoyorkino y confirmar que se trata de lo mejor de su cine en un extraordinario momento de forma, es una auténtica gozada tanto para sus incondicionales como para los que no le siguen habitualmente. Porque el cine de Allen en este elevado tono, es cine en estado puro. Bajo la apariencia de comedia romántica, Woody Allen nos envuelve por completo en su particular mundo, y con la premisa de una excitante carta de amor a una de las ciudades más bellas del mundo, se encarga de transformar dicha comedia en todo un compendio de cine de alto contenido intelectual, lo que nos hace viajar por mundos de ensueño sin apenas parpadear y nos permite reír sin complejos sin apenas perder la compostura. En “Midnight in Paris” hay de todo. Desde la nostalgia como punto de reflexión argumentativa, pasando por una estupenda sesión fotográfica y sensorial del París más conocido y también el más bohemio, sin descuidar por supuesto diálogos para la historia y unas situaciones pictóricas, para conformar un maravilloso lienzo impresionista que nos permite disfrutar de una sesión de cine al más puro estilo, y de unos más que agradables minutos cinematográficos en una comedia que atrapa desde un primer momento. Yo no puedo olvidarla, amo Paris, y esta película hace que este amor sea aún mas grande, si eso es posible.


 

 

 

La magia se cierne sobre el París más bello y embriagador, es capaz de homenajear una ciudad como nadie. En este caso además, el homenaje se extiende al otro París. Una comedia de amplio disfrute para mentes despreocupadas, pero de una particular motivación para quién además disfrute de fastuosas pinceladas literarias, artísticas e intelectuales, de la mano de un director que deslumbra en pleno siglo XXI. La película se dedica a los espectadores avispado, los atrapa y queda encantado consigo mismo, pero, no nos engañemos estos guiños no van más allá del mero cliché, los artistas son los típicos, reconocibles aún sin saber nada de ellos. Sorprende el echo de que un amante del jazz como él no se fijara en el París de los años 30 con Django Reinhardt y Stéphane Grapelli, o quizás pensó que eran demasiado poco conocidos para el gran público. No me gusta que se dedique a hacer guiños a algunos y otros no, es que no hay nada más, parte de una idea, coge a ciertos personajes y los desarrolla, sus diálogos, pese a lo dicho en otras críticas, son totalmente inolvidables, sus chistes diluidos, pero pese a ello merece la pena ver la película. La película no aburre y por ello le doy un sobresaliente. No quiero parecer el legionario que aparece ante el césar, y mientras le narra las batallas que han demostrado su fidelidad a través del tiempo, se corta las venas ante la posibilidad de que se le acuse falsamente de traidor. Lo digo porque así podría sonar ante la estupenda acogida que ha tenido "Medianoche en París". Y es que rodar una película por año en Woddy no repercute tanto en la calidad como en la creatividad de este gran cineasta. Su anterior film ("Todos dicen I love you") era una buena película. Lo que ocurre en esta ocasión es que su guión, desde el punto de vista dramatúrgico, no justifica en ningún momento los hechos que están ocurriendo y esa simbiosis entre "mundo fantástico" y cotidiano está logrado, todo viene a capricho del creador, más para hacer el chiste que para beneficiar a la acción, cosa que dicho sea de paso jamás le había ocurrido a Allen, agobiado quizás por una galería de personajes en la que repite la fórmula acostumbrada: la chica snob, un cargante y sabiondo, los familiares latosos, la joven que colmará los instintos pederastas del protagonista... eso más las personalidades que se cruzan en el tiempo con su protagonista a modo de película de Terry Gilliam, convirtiéndolo en ocasiones en un puzzle bien rodado, eso sí y como diría cualquier crítico, con buena factura tanto técnica como artística. Pero a diferencia de Gilliam y sin el punto paranoide ni tampoco dosis de riesgo. Nos alegramos por la encargada de vestuario, una "clásica" en el cine español, Sonia Grande, que haya podido trabajar en una película de Woody Allen, que aunque de nacionalidad americana y rodada en Francia, ha sido financiada entre por un ministerio español.

 

Como soñador me encanta París. por eso Allen te sugiere que lo intentes, pues los pensamientos de la gente que le gusta caminar bajo la lluvia también pueden hacerte disfrutar y dice:

 

-"Señor Dalí, con ese pelo ensortijado y ese bigotito es usted clavado a Gilbert Roland "-.

 

-"Pablo, puede que seas el mayor artista de la Historia, pero Matisse es mejor dibujante"-.

 

Siempre que en alguna película sale por medio un detective privado, indagando, siguiendo furtivamente, la película aumenta en romanticismo, no falla. Llegar hasta el rey Sol siguiendo la pista es prueba que W Allen sigue con fuerza en lo suyo. Los créditos del cine de Allen son sus sellos de identidad. Cuando entras en la sala, esperas que se apague la luz y la pantalla se vuelva negra para alojar las letras blancas que te detallan, por orden alfabético, el reparto, siempre extenso, mientras suena una hermosa música. Medianoche en París es diferente. No hay fundido negro, ni letras. Allen nos hace de guía por París. De la mañana a la noche, con sol y con lluvia. La ciudad de la luz iluminada. Y tras esta minuciosa presentación del escenario, entonces sí. Fundido negro y letras blancas, pero sin música. Lo que oímos es una conversación, y, de golpe, toda la belleza atesorada en las pupilas se adapta al rostro de Owen Wilson. A partir de ese momento Wilson, aunque nos pese, se convierte en nuestro cicerone por la mágica noche estrellada. Al sonar las doce campanadas, cual Cenicienta, Wilson entra en un mundo mágico. Cole Porter, sentado al piano, canta “Let’s fall in love)”. Y tú claudicas y piensas “de acuerdo, ¿por qué no?”. Un pensamiento nos mete en situación: Ustedes lo encuentran todo normal porque son surrealistas. La mejor manera de hacer turismo es dejarte guiar por las personas que habitan el lugar visitado, y todos los que aquí aparecen son ilustres… Merece la pena adentrarse en este divertido cuento fantástico, exquisitamente ambientando. Merece la pena soñar bajo la noche estrellada, aunque se eche de menos un poquito más de la recalcitrante mala leche de Allen.

 

 

Tendré que hacerme a la idea de que en estas tierras no podemos aspirar a mucho más, porque, no nos engañemos, Woody lo ha demostrado ante el mundo, Barcelona es un pueblucho comparado con Nueva York, Londres o París, y su gente se dedica únicamente a la juerga y a montarse tríos. En cambio, en Nueva York la gente habla como si fuese Faulkner, en Londres se pasan el día escuchando ópera y en París, por supuesto, se concentran todos los artistas del mundo y allí hasta hacer de vientre es un arte. Yo lo veo de ese modo, pero bueno, hay que resignarse con lo que hay. Me sigo quedando con el Woody que rueda fuera de nuestro terruño ibérico y, por favor, que no vuelva a tener otra brillante idea cuando se encuentre de visita por aquí. La próxima vez que vaya a París y ansío que sea pronto, tendré que acordarme de guardar la boina en el zurrón.

 

 

 

Siempre he pensado que eso que el dinero hace la felicidad es un invento del poder, de los que están arriba, lo dicen para engañar a la plebe y que así se contenten un poco. Existe el romanticismo y sueño con él. Pienso en él. Qué voy a hacer, soy un romántico. El arte me absorbe con sus pintores, sus escritores, sus poetas (no hay nada menos poético que las pintas de un poeta, no me acuerdo quién lo dijo), con sus sueños y neuras… Me absorbe por completo y floto en ello. Woody ha vuelto a hacerlo. Nos ha deleitado con otra creación digna de su genio. Puesto que aunque se trata de un gran divertimento, también es una obra de culto. Y posiblemente, radicando ahí la honestidad y la frescura de esta película que capta al espectador desde el primer viaje nocturno a ese idílico París de los años 20. 

 

Los propios protagonistas también participan de esta magia, Allen se muestra mucho más preocupado por sus personajes femeninos, destacando el papel de Adriana (Marion Cotillard) que irradia luz en su faceta de musa que pudo inspirar a artistas como Modigliani y Picasso. Sería una ofensa olvidarnos también de las grandes secundarias de la película: la guía del museo Carla Bruni o la vendedora de discos antiguos (Léa Seydoux), quienes muestran gran química en sus breves apariciones. En resumen, la película abraza el arte, el ideal femenino y la muerte, todo ello en línea del buen humor, nunca buscando reflexiones agudas dignas de un manual filosófico. En un plano más reflexivo, destacar la desmitificación de los grandes artistas, esos dioses creadores de obras maestras cuya vida privada se mueve en total frivolidad. No nos olvidemos que la película es un homenaje a París. Suena la historia que él mismo hubiera protagonizado años ha, porque, hay que decirlo otra vez, Medianoche en París recuerda las películas que con ideas semejantes y que fueron, son, mejores: sus crisis existenciales Me gusta más París de noche que de día. De noche me lo paso mejor y Wilson creo que también. De noche conoce, vive, baila, besa, llueve. Me gusta París la nuit, la ciudad que visitaré en busca de coches de colección, de alguna rubia a la que le guste la lluvia.....y ojala me suenen también a mi las campanas a medianoche

 

 

 

En definitiva, "Medianoche en París" es una de las películas más originales e inteligentes y todo gracias a que Woody Allen ha hecho lo que mejor saber hacer: cine. Lo ideal es ir a verla con la menor información y disfrutarla plenamente. Al final, sales de la película con una sonrisa, con la sensación de haber visto algo, grande, sugestivo e interesante. Amar Paris, dejaros llevar por ese magnífico comienzo, una sucesión de imágenes de la ciudad, con una música deliciosa, hasta la ultima secuencia final, al estilo del cine clásico... todo rebosa autenticidad. Allen desplaza su histrionismo hacía el personaje principal, piensas que vas a ver el típico triangulo amoroso en la ciudad parisina, pero es de lo que menos hay. Hacía tiempo que no me divertía tanto viendo una película. Me sentí feliz, bebiendo una maravillosa historia. También tengo que decir que no es una película para todos los públicos, en cuando que la carga cultural e histórica puede resultar edificante Allen lo hace también que, incluso si no sabes de qué está hablando, podrás disfrutar igualmente. No apta para los que piensan que la vida es una mierda y para los que se conforman con las migajas de la existencia en vez que coger todo el pastel. Matricula de Honor para un genio, un director sin limites, un hombre que ama la amistad, la minuciosidad, el amor, la familia....pero sobre todo lleva en las venas un amor enorme al cine, y eso dice mucho de su grandeza como profesional y uno de los nombres que irán al "Crepúsculo de los dioses".

 

La medianoche es la hora de las brujas, donde todos somos uno y se respira una ambigüedad tan sana como una copa del mejor coñac, yo, como el protagonista sueño con esta historia....

 

 

 Para mi es un film imprescindible y una de las mejores películas de todos los tiempos....LA RECOMIENDO.

 

 

 

Cinco cosas que no he podido olvidar:

 

 

Adrien Brody interpretando a Dalí., impresionante.

 

El actor que representa a Ernest Hemingway es tal y como yo me lo había imaginado.

 

El dialogo de Gil con Buñuel en el que le habla del argumento para una película. Posteriormente, Buñuel realizará un film con ese argumento en 1962.

 

Impagable Hemingway y el gran Cole Porter.. sus canciones, divertido Buñuel, Dalí, surrealista, serio Picasso, y fabulosa Gertrude Stein

 

El futuro encarnado en la rubia vendedora del puesto de música que conoce a Cole Porter por los discos que le acaban de llegar, futuro que comienza de nuevo bajo la lluvia, en compañía del tema de Un americano de París.