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EL NOMBRE DE LA ROSA

 

 

 

 

 Gracias a esta película, el libro homónimo de Umberto Eco fué uno de los mayores éxitos editoriales. Sean Connery, un grandioso actor resucitó con un papel hecho a medida, dejando pasmado a medio mundo y adquiriendo un status de mito que hasta el día de hoy le dura, a pesar de algunos personajes mediocres de los últimos años. Una fotografía exquisita, que juega con maestría con las luces y las sombras, le da un toque siniestro totalmente efectivo para describir áquel tiempo, ya que la pobre luz de una vela no consigue iluminar toda una estancia y los tenebrosos hechos que narra. El casting es asombroso, habiendo sabido encontrar gentes con rostros tan horrorosos como los que se nos muestran en los retratos de cualquier museo. Que por mucho que las obras medievales nos hablen de apuestos donceles o de bellas infantas, cuando uno ve los retratos de época se le cae el alma al suelo. La ambientación es perfecta, mostrándonos dientes podridos, suciedad por todos los lados, y una falta de higiene personal del todo repugnante para los ojos actuales. Pero es que realmente era así. El guión describe con detalle a los personajes, y la trama se va enredando y desenredando con total efectividad y sin un solo instante es aburrido. Todas las interpretaciones están a un altísimo nivel, incluyendo al pobre Slater que hizo aquí su mejor película, no volviendo a estar jamás a la altura. Cualquier secundario supera aquí su interpretación  El argumento no sólo gira en torno a unos asesinatos misteriosos y sus correspondientes pesquisas, sino que nos exhibe la realidad de la época, con unos dirigentes de la iglesia endiosados, y así han llegado hasta nuestros días, que expolian al pueblo llano sin darle nada de utilidad a cambio, prohibiendo cualquier avance cultural o científico, y que anda a la guerra con los sectores del clero que quieren seguir el ejemplo del señor de Nazaret. Y aunque si pensase un poco más aún encontraría más razones, como el fantástico laberinto, que me recuerda al relato de Borges "La biblioteca de Babel", aquí me planto recomendando a cualquiera con un mínimo de buen gusto que si todavía no la ha visto, lo haga tan pronto como pueda.

 

 

 

 

Aparte de no aburrir y no cansarte de verla, ves cosas nuevas que en otras veces no te habías dado cuenta. Cabe destacar la calidad artística: Me encanta su preciosa fotografía, la abadía entre la niebla, o cuando está entre las sombras de la noche, o simplemente cuando se ve entre la nieve o el director nos enseña una simple puesta de sol... Ese ambiente totalmente gótico e intentando crear una atmósfera de miedo...aullidos de lobos sombras, esculturas cadavéricas... si bien esta película es de crímenes y misterios. Por ejemplo es genial la escena de Adso deambulando y explorando la abadía se encuentra unas paredes con esculturas de calaveras, caras raras... una de ellas, le hacen algo con la luz que parece que se mueve: ¡Magistral!.... La banda sonora me encantó, sobre todo cuando Adso se confiesa y se oye el tema principal.

La película tiene 3 vertientes, una historia de misterio, la crítica a la Iglesia por vivir rodeada de lujos mientras la gente pasa hambre y a la Inquisición simbolizada magistralmente por el prepotente e irreflexivo Bernardo Oui y una tercera que muestra como era la sociedad religiosa: Llena de tabúes, como los dos jóvenes enamorados hacen el amor y Adso sintiéndose culpable cuando es la experiencia más hermosa que se puede vivir... Primero Ubertino se mete con la mujer y dice que es un ser perverso por naturaleza, Guillermo pese a ser un hombre letrado e ilustrado no puede sino contagiarse un poco del pensamiento algo retrógrado de sus semejantes y parafraseando a un pensador de su época afirma: "La mujer es amarga como la muerte". Aunque luego dice que como creación de Dios, éste alguna virtud tuvo que darle.

 

 

Jean-Jacques Annaud es uno de los mejores directores vivos a nivel mundial, autor de unas cuantas películas muy interesantes, al que su excentricidad y algunos patinazos a la hora de elegir proyectos siguen manteniendo en una segunda fila inmerecida. Su mayor éxito internacional y su mejor obra es esta excelente adaptación de la novela de Umberto Eco. Sustentada en un guión prodigioso que sigue con fidelidad la parte más comercial de la novela, la cinta se beneficia además de una extraordinaria fotografía y de una maravillosa banda sonora de Horner, amén de una exquisita ambientación, impactante y cuidada. En el terreno interpretativo es difícil destacar a alguien, dado el gran nivel al que brilla todo el elenco, pero es imposible olvidarse del fantástico Salvatore que encarna el siempre solvente Ron Perlman y a mí, particularmente, también me es muy difícil olvidar a Valentina Vargas, como a Adso. En definitiva, una película casi redonda, emocionante y emotiva, una defensa a ultranza de la cultura y de la libertad de pensamiento. Cuenta Arturo Pérez-Reverte en uno de sus artículos sobre la guerra de la antigua Yugoslavia que, cuando a consecuencia de un bombardeo, la biblioteca de Sarajevo, que conservaba algunos incunables y libros de gran valor, comenzó a arder, los habitantes de la ciudad se lanzaron al edificio en llamas para intentar rescatar algunos pocos ejemplares, los que a cada uno le cabían en los brazos, ignorando el fuego enemigo, que aprovechó la inmensa tea para disparar sobre ellos. Así, hombres y mujeres que no se aventuraban a salir a la cola del pan por miedo a los francotiradores serbios, lo arriesgaron todo por salvar unos cuantos libros, entre ellos el de Humberto Eco...Quien no entienda esto no disfrutará esta película en toda su plenitud.

Hay que ver como cambia el mundo, y lo peor es que la mayoría de las veces a peor. Si en la década de los ochenta teníamos como best-seller a Umberto Eco y su estimable “El nombre de la rosa”, en nuestros días nos debemos de conformar con “El código Da Vinci”.... Casi nada la diferencia. Y para ello, reunir en una misma película comercialidad e intelectualidad, el director no podía ser otro que Jean-Jacques Annaud, que siempre se ha distinguido por combinar ambas facetas. También es cierto que Annaud en algunas películas gira más hacia lo más fácil de la historia comercial, como en “Siete años en el Tíbet” y que en otras asume la carga literaria del texto y lo eleva cinematográficamente como en “El nombre de la rosa”.

 Un proyecto como este llevó varios años de preproducción con una meticulosidad pasmosa, impropio de las prisas del cine de nuestros días y que cuando se revisiona consigue una demostración magnífica de cómo se puede hacer una película de intriga en plena Edad Media, añadiendo elementos para el debate como el papel de la Iglesia en esa misma época entre otros. Lo curioso de la historia es que en realidad a pesar de su éxito, la película no es bien entendida por el gran público que se queda en la intriga, el escenario, las interpretaciones...digo esto porque vivimos en una sociedad donde se hace un canto al sentimiento y al motivismo y no a la razón, no hay más que ver las campañas publicitarias o el cine actual, y este film es un canto al racionalismo algo que parece mal visto incluso sobre todo en áreas o disciplinas dominadas en su mayoría por mujeres.

 

 

 

 El ritmo de la cinta, como toda película de intriga que se precie, va in crescendo, desde el primer asesinato a la resolución del caso. Diferencias aparte, podría perfectamente tratarse de una aventura de Sherlock Holmes emplazada en la Edad Media. Contiene todos los elementos necesarios para construir una historia en la que la intriga no decae en ningún momento, aunque aquí gran parte de su éxito es por la novela. Por ello nos encontramos ante una excelente película que recomiendo a todos los amantes del cine de intriga, y del cine en general.

Lo mejor es la hipnótica y compleja personalidad de fray Guillermo, un hombre que ha vivido mucho y ha adquirido mucha experiencia, y si a ello añadimos una mente penetrante y aguda y una desarrollada capacidad de observación, entonces tenemos a una especie de detective medieval que sería la envidia de los servicios de investigación actuales. Con el poder de su mente analítica y unas generosas dosis de sentido común, fray Guillermo es capaz de adivinar y deducir cosas que escaparían a la comprensión de la mayoría, que como él buscan con minuciosidad las causas lógicas y mundanas de ciertos sucesos insólitos. Siempre acompañado del joven Adso, al que fray Guillermo se complace en instruir y guiar, ambos mantienen un lazo comparable a las relaciones paterno-filiales. El joven va despertando a muchas realidades y tentaciones. Entre los dos, ayudados por los monjes del monasterio, tratarán de ir resolviendo el misterio de los crímenes y nos darán a conocer que la vida dentro de los muros del monasterio no es tan letárgica como podría parecer desde fuera.

 En resumen, magnífica en todos los sentidos... Me gustó tanto que recuerdo que después de verla, volví a leer el libro, esta vez imaginando libremente a los actores, los decorados y los lugares que presenta. EL NOMBRE DE LA ROSA, es una película de culto, una obra que roza la maestría y que nos devuelve a un actor como Sean Connery, al que todos los que amamos el cine, deberíamos rendirle un personal tributo y sentarle al lado de otros nombres que marcaron la historia del séptimo arte.

 

Cautivadora y sin fisuras, El Nombre de la Rosa va a enamorar a todos los seguidores de películas de suspense, a los fans de las construidas de manera equilibrada, a los apasionados del mejor cine y a los que persiguen sólo un entretenimiento sano.

Un Connery al que Eco no quería, un Christian Slater con tonsura por entonces voluntaria completamente enamorado de una Valentina Vargas felina y bella, un magnífico Murray Abraham bordando otro papel de villano, un Michael Lonsdale solvente e hipnótico que parece haber pasado toda la vida entre los muros de una Abadía, un Ron Perlman constituido de manera definitiva en el monstruo oficial del Séptimo Arte, un Feodor Chaliapin Jr asombroso como malo malísimo y un elenco de secundarios recogidos por todo el mundo para adaptarse a las necesidades de un Annaud en estado de gracia, hacen de EL NOMBRE DE LA ROSA, una de las cintas indispensables en todas las videotecas que se precien.

 

 

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